A gozar de los charcos!

‘La infancia es la etapa de la vida que termina cuando por primera vez, miramos un charco como un obstáculo y no como una oportunidad’ Katty Williams

Todos nacemos con la capacidad de tener curiosidad, diversión, oportunidad, energía. Quién no ha jugado alguna vez en un charco? y cuanto menos adecuado el calzado…… mejor?

Llegamos, como dice Katty Williams, a ser adultos cuando el charco ya no es una oportunidad sino un obstáculo en nuestro camino. El ser adulto parece estar reñido a ser responsables, serios, capaces y fuertes ……… ahora, descuidamos el disfrute y el fluir infantil, nos olvidamos de sacar provecho de estos adjetivos.  A medida que tenemos experiencias desagradables, dolorosas, vamos construyendo nuestras defensas y mecanismos de protección que tienen sentido en el momento, pero, ya en la fase adulta, entorpecen nuestro crecimiento y capacidad de vivir en lugar de sobrevivir.

Cuando somos padres, nuestro objetivo es cuidar al hijo, permitir que disfrute y viva. Me pregunto, cuánto de este deseo es la negación a hacerlo por nosotros mismos, por nuestros propios niños internos? Para romper la cadena de transmisión de nuestras vivencias, introyectos y prejuicios, hemos de cuidar primero a ese pequeño que custodiamos en nuestro interior. Como si fuera un bonsai, saneemos las raíces antes de enraizar a nuestro hijo, a la vez démosle alas para facilitar su propio vuelo personal. Cuántos somos conscientes de lo lejos que está ese chapoteo tan fascinante?

Somos, como individuos, un ‘self‘ formado por multitud de partes. Cuando las partes que no nos gustan son más que las que nos gustan, el charco pasa a ser un gran obstáculo.

Tenemos la oportunidad de conocer y reconocernos, utilizando todos los adjetivos interiorizados como mecanismos de crecimiento y no de obstrucción. No es tarea fácil y a veces es doloroso. No obstante, también hay momentos de placer, alegría y amor donde nuestra autoestima crece y ocupa más partes, aportando armonía, flexibilidad y fuerza renovada.

Podemos encegarnos y evitar así visiones dolorosas, pero también podemos abrir bien los ojos, ser conscientes y entender esas defensas que construimos, en su momento, por superviviencia y protección, agradecer su función y reconocer su utilidad anterior.

No olvidemos que nuestras murallas nos han protegido, esa parte tan valiosa de todos nosotros, de los daños externos y las amenazas sentidas. Esa parte, es nuestra capacidad de reir y lanzarnos al charco, dispuestos a SENTIR. Si percibimos, de niños o de adultos, que esa sensación está en peligro, la resguardaremos lo mejor que podemos, quizás tan bien que ni la reconozcamos actualmente.

Cada célula de nuestro cuerpo contiene conciencia y memoria. Todas las células están interconectadas al igual que lo está, la conciencia que contienen, formando nuestro todo o suma de partes. Cuando tomamos conciencia, permitimos que las sensaciones cambien, se modifiquen y así podemos seguir aprendiendo de ellas y de las emociones que les acompañan. Como si nuestras raíces, en vez de ahogarnos, puedieran extenderse en tierra fértil y alimentar nuestra potencia y nuestras relaciones con los demás.

Cuando una sensación corporal es escuchada, le damos espacio, le damos permiso para reducir su intensidad (una presión en el pecho, nudo en la garganta, espalda cargada,….) y así posibilitamos el encontrar nuestro centro y nuestra verdad en el aquí y ahora.

Como con los hijos: Si les damos espacio y escucha, frecuentemente pueden relajarse y mostrar sus partes más agradables y amorosas, con las que nos es más fácil conectar y vincularnos. ‘Un niño que chilla es un niño al que no se le escucha’

Nuestro cuerpo funciona igual, si no le escuchamos ha de chillar, se ha de tensionar, se ha de modificar para que tomemos conciencia.

La base para trabajar con el cuerpo es el PERMITIR, permitir que se manifieste para que lo podamos ESCUCHAR.  Maria del Mar Albajar,  maestra de Focusing, me enseñó el inmenso poder de cuatro palabras: ‘Es clar que sí’. ‘Claro que sientes esa presión, con el dolor que albergas’, ‘Claro que sí, te sientes muy herida’, ‘Claro que sí, te pesa mucho la responsabilidad’….

Como adultos, siento la importancia y lo saludable que es navegar entre nuestras sensaciones externas e internas. Es decir, seguir en contacto con las sensaciones externas, de nuestras relaciones con el mundo exterior y a la vez escuchar las sensaciones internas, acogiéndolas y permitiendo su expresión. Cuando no existe esta correlación corremos el riesgo de suponer que el mundo nos debe, que no somos responsables, o al contrario, de encerrarnos en nosotros obviando las sensaciones externas, escudándonos detrás de las defensas ya en desuso, imposibilitando el crecimiento, superación y mitigación de las cargas que soportamos todos (experiencias, introyectos, dogmas, herencias….)

La conexión, entre todas nuestras partes corporales, forma una estructura como una tela de araña, donde pueden haber hilos más fuertes, más débiles, dañados, rotos, incluso inexistentes. Para seguir atrapando todos los placeres de la vida cada uno de esos hilos tienen su responsabilidad e importancia.

Las herramientas que nos ayudan a tomar conciencia nos tutelan y acompañan en la reconstrucción, reparación, remiendas de nuestra propia tela de araña para volver a atrapar esos placeres tan sutiles y a la vez tan gratificantes, como chapotear en un charco.  Nuestra es la responsabilidad y nuestro será el placer.

Cuidemos a nuestros niños interiores para enseñar a y aprender de nuestros hijos.

‘Opto por darle, a mi niña, más espacio dentro de mi cuerpo, con la envoltura de adulta responsable y consciente!‘ Caroline Copestake

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3 Responses to A gozar de los charcos!

  1. ROSER says:

    M’ha agradat molt, Caroline. M’has fet recordar el meu nom de petita, Roseret.

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  2. Esther says:

    Totalment d`acord,deu ser per això que quan arriba el carnestoltes i a mí m`agrada pintar-me la cara com la meva filla i els altres pares em miren sorpresos i em diuen que només se l`havien de pintar els nens i jo els hi proposo que ho facin que és divertit i et miren com dient,que ara no toca,que tens una edat…
    I també deu ser per aixó que m`agrada saltar a les piscines de boles,i jugar a amagar-nos amb els meus fill,i fins i tot pujar a un gronxador i llençar-me per un tobogan ,li dec a la Esther petita que porto dins,fantàstic ara ja sé perque gaudia fent-ho,tots tenim aquest nen petit que no sempre escoltem,…

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  3. Carmen says:

    Siguiendo tu primera frase, me siento feliz de haber recuperado la curiosidad, la diversión, la oportunidad y la energía perdidas y enterradas. Siento que he saneado mis raíces, y que ahora puedo permitir que mi niña salga y vuele con seguridad, ya no hay más miedo, porque yo la valido, la cuido y la protejo. Creo poder afirmar que es el primer charco en el que he chapoteado en mi vida. No lo pude hacer de pequeña. Así que muy feliz de haber chapoteado AL FIN!

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